La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, volvió a marcar distancia de la mesa chica de la Casa Rosada con una fuerte declaración que sacude la interna oficialista. En esta oportunidad, el blanco de sus críticas fue el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien viene siendo respaldado por el entorno presidencial tras verse envuelto en una serie de controversias mediáticas y judiciales.

"Estamos esperando todos la declaración jurada de Adorni", disparó la titular del Senado al ser abordada por los medios locales. Al ser repreguntada sobre si el funcionario debería dar un paso al costado debido a los cuestionamientos patrimoniales que lo rodean, la vicepresidenta optó por llamarse a silencio y retirarse del lugar exhibiendo una sonrisa.

La sorpresiva aparición pública de Villarruel se produjo en la ciudad de Rosario, hasta donde viajó en el marco de una visita de carácter privado para asistir a una misa en la Catedral local, al cumplirse el quinto aniversario del fallecimiento de su padre, Eduardo Villarruel, veterano de la Guerra de Malvinas. Aunque descartó que sus constantes recorridas provinciales formen parte de un armado electoral prematuro para el futuro, confirmó que se comunicó con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y con el intendente local, Pablo Javkin, para notificarlos de su presencia.

Durante su breve diálogo con la prensa, la funcionaria buscó despegarse de las recurrentes fricciones del Poder Ejecutivo, asegurando que ella "no participa de ninguna pelea" y que, en todo caso, las explicaciones pertinentes deben correr por cuenta del presidente Javier Milei o de su hermana Karina. En el mismo sentido, aprovechó para contraponer su propio perfil de gestión institucional basado en el respeto hacia todos los sectores políticos y el ahorro de recursos públicos en la Cámara Alta.