En una noche repleta de tensión y polémica, Boca Juniors igualó 1-1 ante Cruzeiro por la quinta fecha del Grupo D de la Copa Libertadores 2026. El equipo de Claudio Úbeda no logró sostener la ventaja inicial, sufrió el desarrollo del juego y terminó el partido envuelto en la furia contra el arbitraje de Jesús Valenzuela por un penalazo no sancionado en la última jugada del partido.

El "Xeneize" golpeó temprano. A los 15 minutos del primer tiempo, tras un preciso tiro libre ejecutado por Leandro Paredes, Miguel Merentiel apareció por el segundo palo para empujar la pelota a la red y desatar el delirio en La Bombonera. Sin embargo, tras el 1-0, Boca cedió terreno y protagonismo de forma prematura, permitiendo que el conjunto de Belo Horizonte empezara a manejar los hilos del encuentro.

El castigo para el local llegó a los 12 minutos del complemento. Fágner capturó un centro pasado por el sector derecho y, libre de marcas, sacó un potente remate cruzado que venció la resistencia del arquero local para decretar el 1-1. Aunque el VAR revisó una posible mano en la jugada previa, el tanto fue convalidado.

Expulsión, asedio y la intervención del VAR

A los 22 minutos de la segunda mitad, el panorama parecía aclararse para Boca cuando Gerson vio la tarjeta roja directa tras una durísima plancha sobre Leandro Paredes, advertida mediante la tecnología. Con un hombre de más, el "Xeneize" volcó la cancha y convirtió al arquero brasileño Otávio en la gran figura del tramo final.

A los 43 minutos llegó el primer gran grito ahogado de la noche: Merentiel firmaba su doblete y el 2-1, pero Valenzuela —a instancias del VAR— anuló el gol por una mano previa de Milton Delgado en el inicio de la jugada.

El escándalo del final

La máxima controversia estalló en el minuto 56. En la última acción del partido, tras un remate al arco, Lucas Romero bloqueó la pelota con una mano clarísima dentro del área de Cruzeiro. Mientras todo Boca reclamaba un penal penalazo, el árbitro venezolano Valenzuela decidió obviar el llamado del VAR y, de manera insólita, dio por terminado el partido inmediatamente.

La decisión desató la furia de los futbolistas locales, liderados por un desencajado Leandro Paredes que fue a buscar al juez central en medio de los empujones.

Con este resultado, Boca se quedó con un sabor amargo y complicó su panorama: ahora estará obligado a ganarle a Universidad Católica en Chile en la última jornada para asegurar su boleto a los octavos de final de la Copa sin depender de nadie.