KANSAS CITY.– Lionel Scaloni enfrenta uno de esos dilemas que, paradójicamente, todo entrenador quisiera tener, pero que a la vez altera su manual de estilo de cara al trascendental choque de cuartos de final ante Suiza. Tras la sólida actuación del equipo en la última presentación, la tentación de repetir la formación titular por segunda vez consecutiva sobrevuela la concentración argentina en los Estados Unidos. Sin embargo, en el búnker de la Selección saben perfectamente que el cuerpo técnico liderado por el oriundo de Pujato rara vez se ata a los nombres propios y que la pizarra siempre se diseña en función del rival. Y Suiza, un equipo helvético caracterizado por su rigidez táctica y transiciones letales, no será la excepción a la regla.

La gran duda del director técnico pasa por romper una de sus máximas no escritas desde que asumió el cargo: el mérito del rendimiento reciente versus la especificidad táctica que exige cada escenario. En el último ensayo a puertas cerradas, Scaloni pateó el tablero y sembró el misterio. Probó una variante en la mitad de la cancha que modificó no solo los nombres, sino también el dibujo táctico. El ingreso de un perfil con mayor despliegue físico y vocación de contención busca neutralizar el bloque central suizo, obligando a resignar a uno de los futbolistas de mejor pie que venía siendo clave en la generación de juego.

"El equipo que sale de memoria es un mito del fútbol moderno", suele repetir el entrenador en la intimidad del predio. Para Scaloni, la fidelidad al grupo no se traduce en repetir sistemáticamente los mismos once, sino en elegir a los intérpretes adecuados para cada "batalla". Quienes siguen de cerca el día a día de la delegación aseguran que las charlas individuales volvieron a ser protagonistas en la tarde de ayer. El DT se tomó su tiempo para explicarle a uno de los referentes la necesidad de este recambio estratégico, una muestra de la gestión de grupo que ha blindado el vestuario argentino en los momentos de mayor presión.

El cuerpo técnico entiende que el conjunto europeo no perdonará los retrocesos lentos y que regalar metros en el mediocampo puede ser un boleto de regreso a casa. De este modo, la decisión final se debate entre la memoria colectiva de una formación que funcionó a la perfección o la audacia de un cambio quirúrgico pensado exclusivamente para este rival. Como ya es una costumbre arraigada en la era Scaloni, la moneda seguirá en el aire y la confirmación oficial del once inicial recién llegará a las manos de los jugadores un par de horas antes de subirse al micro rumbo al estadio.