Entre la ilusión y las dudas: el balance de Argentina antes de enfrentar a Egipto.
Argentina ya está en octavos de final del Mundial y, aunque la clasificación alimenta la ilusión, la victoria ante Cabo Verde también dejó señales para analizar. El equipo de Lionel Scaloni volvió a demostrar carácter, jerarquía y capacidad para resolver partidos incómodos, pero también mostró aspectos que deberá corregir si quiere seguir avanzando en la Copa.
La Selección encontró una vía clave en la pelota parada, una herramienta que se transformó en un arma decisiva. Los goles nacidos desde córners, tiros libres y envíos al área le permitieron destrabar encuentros cerrados y sostener su candidatura. A eso se suma el liderazgo de Lionel Messi, que volvió a ser determinante no sólo por su aporte ofensivo, sino también por su lectura de los momentos del partido.
Otro punto positivo fue la fortaleza mental. Argentina sufrió, recibió golpes y aun así no perdió la calma. El equipo sabe convivir con la presión, mantiene una estructura reconocible y conserva automatismos que son producto de años de trabajo bajo el mando de Scaloni.
Sin embargo, no todo fue tranquilidad. La Selección volvió a mostrar dificultades para transformar la posesión en profundidad. Maneja la pelota, domina largos tramos, pero le cuesta generar situaciones claras cuando los rivales se cierran cerca de su área. Además, el retroceso defensivo dejó algunas dudas: Cabo Verde llegó poco, pero lastimó mucho.
También aparece como deuda la falta de presencia constante dentro del área rival. Tanto Julián Álvarez como Lautaro Martínez suelen salir para asociarse, pero por momentos el equipo se queda sin una referencia clara para terminar las jugadas.
De cara al cruce contra Egipto, previsto para el martes, Scaloni tendrá varios puntos para trabajar. Argentina llega con certezas importantes, pero también con advertencias que no puede ignorar. En los mata-mata, cada detalle pesa más y el margen de error empieza a achicarse.
