En un Estadio Azteca colmado y envuelto en una atmósfera de altísima tensión, la Selección de México dio el puntapié inicial a la Copa del Mundo con un trabajado e histórico triunfo por 2-0 ante Sudáfrica. Sin embargo, más allá de los goles, el encuentro quedará grabado en los libros de historia por el récord de tarjetas y el clima de extrema fricción que dominó la jornada, que terminó con tres futbolistas expulsados.

Desde el pitazo inicial, el encuentro mostró pierna fuerte y un arbitraje que buscó imponer autoridad con rigidez desde el primer minuto. El local logró destrabar el marcador en la primera mitad gracias a una gran definición de Julián Quiñones, quien capitalizó una desatención defensiva de los "Bafana Bafana" y desató la locura en el Distrito Federal.

La historia se complicó en el complemento cuando la pierna fuerte se transformó en impotencia. Las tarjetas rojas no tardaron en llegar: dos para el conjunto africano y una para el cuadro azteca tras un fuerte tumulto en la mitad de la cancha que amenazó con descontrolar el partido. En ese contexto de espacios vacíos y nerviosismo, Raúl Jiménez frotó la lámpara y, con una definición de su sello, decretó el 2-0 definitivo que trajo alivio al banco local.

Con este resultado, México arranca con el pie derecho el Grupo A, sumando tres puntos vitales en casa, aunque con el sabor agridulce de perder a una pieza clave para la próxima fecha debido a la tarjeta roja en un debut que tuvo absolutamente de todo.